
Pablo Catrileo fue ordenado pastor de la Iglesia Luterana en Chile
05/12/2025La Iglesia Luterana en Chile realizó sus tradicionales campamentos de verano en Puerto Fonck

Enero y febrero reunieron a niños, jóvenes, adultos y adultos mayores en tres encuentros distintos que cada año marcan generaciones, destacando más participación, caras nuevas y el fortalecimiento de distintas tradiciones que se han ido generando a lo largo del tiempo a orillas del lago Llanquihue.
Después de una larga temporada de quietud y tranquilidad en Puerto Fonck, la entrada del verano marca el inicio de un nuevo periodo: los tradicionales campamentos de la Iglesia Luterana en Chile (ILCh). Conversaciones, juegos y sonrisas destacan en un ambiente donde la naturaleza toma protagonismo, con un volcán Osorno que observa a lo lejos y un lago Llanquihue que no sólo reconforta la vista, sino que también es escenario de tardes que reconfortan el alma en su orilla.
Nadie queda fuera de participar de estos encuentros, independiente de su edad y género. Ya sea los más pequeños en el Campamento de Niños, los adolescentes en el Campamento de Jóvenes, o grupos unidos por sangre o amistad en el Campamento Familiar, todos tienen la oportunidad de visitar Puerto Fonck.
A cargo de un pastor, y generalmente de una semana de duración, en estos campamentos se viven experiencias espirituales, lúdicas y deportivas que se vuelven inolvidables durante el verano, y que han marcado una tradición que lleva largo tiempo en la ILCh. En esta oportunidad, profundizamos más acerca de cómo fue la experiencia en cada uno de estos encuentros.
Campamento de Niños
Entre el 6 y 10 de enero se llevó a cabo una nueva versión del Campamento de Niños, instancia en la que los más pequeños se encontraron para jugar, conocer y aprender más acerca de Dios y su Palabra en sus vidas. Todo esto, mientras disfrutaron de devocionales, juegos, dinámicas, deportes y tardes de playa.
Una de las grandes novedades este año fue la presencia de 71 niños desde el inicio, más que los 64 que estuvieron presentes el año pasado, lo que ha demostrado en un aumento en el interés por este campamento. Debido a ello, hubo que habilitar una cabaña adicional, dato que sorprende más incluso considerando que al menos 20 niños quedaron en lista de espera tras haberse superado los cupos de inscripción
“Creo que todo se dio en buena y sana convivencia, y creo que convivir 5 días con otros niños es un buen ejercicio social para ellos. Pudieron también mostrar sus dones y talentos en las distintas actividades, incluyendo talleres, juegos y grupos vida. Creo que el campamento es un buen espacio para que tanto campistas como colaboradores desarrollen distintos dones”, valoró Karl Michael, vicario de la ILCh y encargado del campamento.
El tema de este año llevó como título “Las Parábolas de Jesús: Semillas que Crecen en el Corazón”, el cual estuvo a cargo del vicario, quien contó con el apoyo del pastor Pablo Catrileo y un equipo de colaboradores. El texto que lo inspiró se puede encontrar en Mateo 13:23 y dice: “Pero la semilla sembrada en buena tierra es quien oye la palabra y la entiende, y da fruto”.
“Trabajamos la parábola de la moneda perdida, la de la semilla, y la del buen samaritano. Pudimos reconocer el valor de las historias en general, haciendo una aproximación a aquellas contadas por Jesús: las parábolas. La idea es que, mediante estas historias, aprendemos algo valioso para nuestras vidas. La idea es que estas historias sean semillas que crezcan en el corazón de ellos”, explicó el vicario Karl Michael.
Cabe destacar que esta fue la primera vez que el vicario ha estado totalmente a cargo de un campamento, lo que calificó como un desafío personal, pero que tuvo un buen resultado gracias al apoyo de su equipo de colaboradores. “Tuvieron una enorme calidad humana y gran disposición a estar a cargo de distintas tareas”, destacó.
Campamento de Jóvenes
Entre el 19 y 24 de enero fue el turno de los adolescentes en el tradicional Campamento de Jóvenes, un espacio que comparte muchas similitudes con el de niños, pero con un enfoque de mayor madurez y reflexión en torno a los temas vinculados a la fe cristiana e Iglesia Luterana. Sin embargo, no por ello los asistentes estuvieron exentos de diversas actividades deportivas y lúdicas, incluyendo las noches de actividades especiales como la tan tradicional bajada a la playa.
Este año destacó una renovación de la generación que asistió al Campamento de Jóvenes, con cerca de un 40% de nuevos asistentes, mientras que el 60% restante ya contaba con experiencias anteriores. Esto es una muestra de cómo este campamento, quizás el más popular de la ILCh, aún sigue marcando un antes y un después entre quienes asisten cada año, captando el interés de muchos quienes quizás sólo han escuchado información o anécdotas que los motivaron a querer asistir.
“En general, los y las campistas recibieron con buena voluntad y disposición las actividades propuestas y participaron activamente de la programación, con un grupo muy interesado, colaborativo y respetuoso. Destaco su entusiasmo por cantar y alabar a Dios, la atención en la reflexión de los temas, el diálogo en torno a ellos y la motivación a participar de las actividades que preparamos para ellos”, mencionó el pastor Everton Knaul, quien lideró el campamento.
Este año, el tema llevó por título “Juventud Revestida de Amor”, el cual estuvo inspirado en Colosenses 3:12-14: “Revístanse de amor, que es el lazo de la perfecta unión”. Entre las actividades que destacaron estuvieron los devocionales, grupos vida, las tribus (juegos de alianza) y distintos talleres. Además, algunos días contaron con actividades especiales al final del día, como la Noche de Juegos, la Búsqueda del Tesoro, la tan querida Noche de Gracia y la Noche de Talentos.
“Quedamos muy satisfechos con el desarrollo de las actividades realizadas y con la participación y el compromiso de los campistas. Pudimos ver en ellos un fortalecimiento de la confianza en el amor de Dios, una dedicación a prácticas de la espiritualidad cristiana, la asimilación de principios confesionales evangélico-luteranos, el fortalecimiento de vínculos comunitarios y un compromiso con el testimonio del amor en las relaciones interpersonales”, destacó el pastor Everton Knaul.
Tal y como ha ocurrido los dos últimos años, en esta versión del campamento también se contó con la participación de dos hombres y tres mujeres jóvenes pertenecientes a la Iglesia Evangélica de Confesión Luterana de Brasil (IECLB), quienes sirvieron con total disposición como colaboradores y generaron grandes vínculos con los campistas. Mientras se esforzaron por asimilar el idioma, estos jóvenes condujeron grupos de vida, devocionales y lideraron otras actividades en las distintas jornadas, siendo un grupo muy animado y que colaboró significativamente con la realización del campamento.
Campamento Familiar
Finalmente, entre el 1 y 8 de enero se llevó a cabo el Campamento Familiar, ocasión en que ahora grupos más grandes y de lazos más estrechos se encontraron a orillas del lago Llanquihue. Con un grupo etario más variado, desde niños hasta adultos mayores compartieron con alegría con el anhelo de conocer más acerca de Dios y la fe luterana que caracteriza a la ILCh.
Si bien en esta oportunidad hubo una familia menos que el año pasado, sí hubo familias nuevas. Es más, no todos los asistentes eran luteranos, sino que también asistieron grupos familiares católicos y bautistas, lo que generó un ambiente de diálogo ecuménico que enriqueció la experiencia de quienes pudieron asistir.
“Se generó un ambiente muy grato con todo tipo de personas: adultos, niños y adultos mayores, así que fue una buena relación intergeneracional. Es una imagen linda de la iglesia: distintas generaciones compartiendo juntas. La gente estuvo muy contenta con las distintas actividades y hubo un ambiente muy agradable”, mencionó el pastor Pablo Catrileo, quien lideró el campamento en compañía de su esposa, la pastora Almut Klose. El pastor Catrileo también destacó el trabajo que hacen cada año Walter Dümmer, presidente de la ILCh, junto con su esposa Gisella Scheel, quienes con amor y cariño apoyan enormemente en la organización de estos encuentros para que se vuelvan una experiencia maravillosa, sacrificando tiempo y dando un enorme esfuerzo.
El tema de este año llevó por título “Más que los templos: la Iglesia que somos”, en el que se reflexionó más acerca de distintos aspectos de la ILCh, desde cómo se organiza hasta su teología. Gracias a la participación y motivación de los asistentes, se construyó un espacio de diálogo en el que todos pudieron aprender, incluso si no pertenecen directamente a la Iglesia Luterana.
“Los últimos tres años que hemos liderado el campamento hemos tratado de conocer, junto con los campistas, las comunidades luteranas de la zona. Un día se hace un paseo, que antes siempre era a cualquier zona turística cercana, pero este año seguimos visitando comunidades. En esta oportunidad visitamos la comunidad de Los Bajos, siendo recibidos por su presidente, y luego visitamos el parque botánico”, explicó el pastor Pablo Catrileo.
Uno de los momentos destacables, según el pastor, fue un culto que se hizo en mitad de semana, el que tuvo como principal foco hacer un recuerdo del bautismo mediante una pequeña ceremonia organizada por la pastora Almut Klose. “Vimos cómo el bautismo nos hace a miembros a todos de una gran iglesia, independiente de nuestra denominación, lo que nos une. Fue lindo ver como personas de distintas confesiones, por medio del agua y las palabras de la pastora, podía recordar su bautismo y dar gracias a Dios por ser su hijo”, detalló.
Terminado el verano, tanto niños, como jóvenes y adultos regresan a sus hogares, empezando un nuevo año y nuevos desafíos. Sin embargo, se llevan a casa un tesoro que es inmaterial y que recordarán durante meses: las lecciones y experiencias que Dios les entregó en aquel bello lugar a orillas del lago Llanquihue llamado Puerto Fonck.



